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Reportajes de Salud

Prevenir la hipotermia. Y disfrutar del invierno

Prevenir la hipotermia. Y disfrutar del invierno

Como cada año, a medida que nos adentramos en el otoño y se acerca el invierno, disminuyen las temperaturas y aparecen las lluvias. Existe una amplia conciencia social de la necesidad de protegerse de las altas temperaturas veraniegas, pero, ¿qué ocurre con el frío? ¿Es necesario también tomar medidas de precaución?

El organismo humano es homeotermo, es decir, necesita mantener la temperatura corporal más o menos constante para su adecuado funcionamiento. En condiciones normales la temperatura corporal sigue un ritmo circadiano, oscilando desde los 35,8 grados centígrados entre las dos y las seis de la madrugada y los 37,5 grados centígrados entre las 20 y las 23 horas. Esto se refiere a la temperatura corporal central, de la que la temperatura bucal es buen indicador, mientras que la axilar es aproximadamente un grado centígrado inferior.

Mantener la temperatura

Para mantener la temperatura en estos niveles, adaptándose a los cambios ambientales, el organismo dispone de un centro termorregulador situado en el hipotálamo que, ante los estímulos recibidos de receptores cutáneos (sensibles al frío o al calor) y de la sangre, pone en marcha respuestas neurológicas y endocrinas adaptativas. En el caso de la exposición al frío, los mecanismos puestos en marcha tienden a aumentar la producción de calor endógeno (termogénesis) y disminuir los de eliminación de calor (termodispersión). Entre estos mecanismos adaptativos se consideran la percepción de frío y las respuestas conscientes adecuadas en cuanto a la modificación del entorno (aumentar ropa de abrigo, poner la calefacción, tomar algo caliente, etcétera), la activación noradrenérgica que aumenta el tono muscular y produce contracciones musculares (temblor, escalofríos) incrementando la producción de calor, la vasoconstricción cutánea (palidez) para evitar la pérdida de calor a través de la piel, o el aumento de hormonas como las tiroideas o suprarrenales que aumentan el metabolismo y la termogénesis.

Los mayores, más vulnerables

Con la edad, alguno de estos mecanismos que nos hacen mantener la temperatura corporal pueden funcionar de forma menos eficiente. Así, la sensibilidad de los receptores periféricos y del centro regulador hipotalámico para captar cambios de temperatura parece estar disminuida, y la respuesta de los mecanismos correctores (vasoconstricción, respuesta muscular, etcétera) está enlentecida. Esto hace que la persona mayor sea especialmente vulnerable al frío, sobre todo si concurren situaciones de fragilidad, enfermedad, toma de determinados fármacos, etcétera.
Cuando nuestra temperatura baja considerablemente se produce una situación que se conoce con el nombre de hipotermia, que consiste en el descenso de la temperatura corporal central por debajo de los 35 grados centígrados, clasificándose en función de su intensidad en leve (35-32 grados centígrados), moderada (32-28 grados centígrados) y grave (inferior a 28 grados centígrados). Las referencias de países con climas más fríos (Reino Unido, Estados Unidos, países Nórdicos) indican que la hipotermia es más frecuente en las personas mayores, con predominio en el sexo masculino. En invierno, puede llegar a afectar hasta un cuatro por ciento de los ancianos ingresados en hospitales y el 10 por ciento de los mayores que viven en la comunidad (datos de Inglaterra). En Estados Unidos fallecen unas 700 personas al año por hipotermia, la mitad de los cuales son personas mayores.

Más frecuente en zonas frías

Como suele ocurrir con los problemas que sufren las personas mayores, las causas de la hipotermia son multifactoriales. Por un lado, tenemos factores asociados a la edad que predisponen y aumentan la vulnerabilidad al frío y, por otro lado, la exposición a temperaturas bajas es el elemento clave, tanto más importante cuanto más bajas sean y mayor sea el tiempo de exposición a las mismas. Esto justifica que este cuadro sea más frecuente en países y zonas de climas predominantemente fríos. Pero no podemos obviar que en presencia de determinadas enfermedades, tratamientos farmacológicos, circunstancias sociales, etcétera, es posible desarrollar cuadros de hipotermia aún con temperaturas no excesivamente bajas.

Enfermedades y fármacos relacionados

Entre las enfermedades que suelen relacionarse con hipotermia se encuentran aquellas que pueden alterar los mecanismos de termorregulación (accidentes cerebrovasculares, traumatismos cerebrales, enfermedad de Parkinson, lesiones medulares…), enfermedades metabólicas que afectan a la producción de calor endógeno (hipoglucemia, hipotiroidismo, insuficiencia suprarrenal, malnutrición…), enfermedades cutáneas que facilitan la pérdida de calor (psoriasis eritrodérmica, dermatitis exfoliativa…), enfermedades infecciosas (sepsis, neumonía…), demencias y delirium, etcétera.
En lo referente a los fármacos, algunos interfieren la respuesta correctora ante el frío, por su bloqueo de la actividad adrenérgica como los tranquilizantes mayores y menores, los antidepresivos tricíclicos, los anestésicos o los antiepilépticos, entre otros. Por su parte, el alcohol también interfiere en la respuesta del organismo ante el frío.
Especial importancia en su contribución a los cuadros de hipotermia tienen también determinados síndromes geriátricos, como la inmovilidad, las caídas con permanencia prolongada en el suelo y la incontinencia urinaria que, además, con frecuencia confluyen en la misma persona mayor.
Si tuviéramos que expresar en una foto fija, un estereotipo, de una persona mayor con riesgo elevado de sufrir hipotermia, aún con temperaturas no excesivamente bajas, podríamos hablar de un varón que vive solo, en un domicilio sin calefacción o con mal aislamiento, con poca movilidad y alto riesgo de caídas, con problemas mentales (demencia, depresión), que toma numerosos fármacos, y que se levanta varias veces en la noche para ir al servicio.

Sus síntomas

Los síntomas de la hipotermia dependerán de la gravedad de la misma. En los casos leves (32-35 grados centígrados) predominan los síntomas neurológicos por disminución del flujo sanguíneo cerebral (apatía, lentitud mental, confusión, problemas para hablar, etcétera), y los derivados de la activación adrenérgica (piel fría, taquicardia, taquipnea…). Si la situación no revierte, la hipotermia moderada (27-32 grados centígrados) se caracteriza por un empeoramiento de la situación neurológica (rigidez, enlentecimiento de reflejos, estupor, coma) y cardiovascular (arritmias, hipotensión), con cianosis cutánea y disminución de la orina. La hipotermia grave (menos de 27 grados centígrados) representa una situación crítica con apnea, arritmias ventriculares, piel muy fría, rigidez intensa, pupilas fijas, etcétera. Son situaciones cuya mortalidad supera el 50 por ciento de los casos. El adecuado diagnóstico y manejo terapeútico de la hipotermia requiere de cuidados hospitalarios.

Consejos para prevenir

Dada la gravedad del cuadro de hipotermia, los mayores esfuerzos habrán de realizarse en su prevención. Con respecto al ambiente y el entorno, es recomendable abstenerse de salir a la calle cuando las temperaturas sean especialmente bajas, usar ropas de abrigo suficientes, cómodas y holgadas, mantener una temperatura en casa de entre 20-23 grados centígrados, con especial atención a la temperatura nocturna, mejorar el aislamiento térmico del domicilio, etcétera. En el caso de situaciones de riesgo (por ejemplo, personas mayores que viven solas o en viviendas mal acondicionadas) es labor de los servicios de atención domiciliaria social detectar el problema y poner en marcha programas de apoyo. En cuanto a la salud de la persona mayor, un adecuado estado nutritivo y el ejercicio físico previenen de las consecuencias de las bajas temperaturas. Especial atención habrá que prestar a personas que por sus patologías (diabetes, hipotiroidismo, etcétera), hábitos tóxicos (alcoholismo), polifarmacia (tranquilizantes, antidepresivos tricíclicos…) o situación funcional (inmovilidad, caídas de repetición, incontinencia urinaria…) presentan un riesgo aumentado de hipotermia. Una adecuada valoración geriátrica que incluya la detección de problemas y la puesta en marcha de planes multidisciplinares de intervención a diferentes niveles (sanitarios, sociales, familiares, ambientales) es el elemento clave.

Acude a urgencias si…

  • Sufres apatía.
  • Tienes confusión mental.
  • Tienes dificultades para hablar.
  • Estás frío.
  • Estás pálido.
  • Sufres taquicardia.
  • Aumenta tu frecuencia respiratoria.

Sumarios:

La hipotermia puede afectar en invierno hasta un cuatro por ciento de los ancianos, en especial a aquellos que residen en zonas frías. Un descenso de temperatura corporal por debajo de los 35 grados centígrados en las personas mayores se considera hipotermia.

Dr. José Manuel Marín Carmona - Presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología.
Dr. José Manuel Marín Carmona
Presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología.
 
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