GACETA SÉNIOR: LAS TRES CARAS DE LA LONGEVIDAD, VISTAS POR UN SÉNIOR
Andrés Vázquez Piñeiro. Miembro del Grupo Sénior. Médico. Máster en Gerontología Clínica y Social. Diplomado en Medicina Geriátrica. Especialista Universitario en Cuidados Paliativos.
Hablar de longevidad desde la experiencia de quien lleva muchos años trabajando con personas mayores tiene un significado especial cuando uno mismo comienza a reconocer en su piel las huellas del envejecimiento.
Con los años se aprende que envejecer no es un camino lineal. Hay pérdidas y descubrimientos, renuncias y nuevas ilusiones. También se comprende que la curiosidad, el humor, la ternura y la capacidad de querer y sentirse querido no tienen edad. Quizá por eso, hoy podemos afirmar que la vejez es un territorio profundamente humano que también nos corresponde transitar. Porque vivir muchos años es una conquista, pero conseguir que esos años tengan sentido constituye una responsabilidad compartida.
Desde esta doble mirada, profesional y personal, lleva tiempo pidiendo paso en mi escritorio una reflexión sobre la longevidad que hoy quisiera compartir. Seguro que existen muchas otras perspectivas, pero propongo contemplarla desde tres dimensiones diferentes y complementarias: envejecimiento proactivo, envejecimiento exitoso y envejecimiento sostenible.
El envejecimiento proactivo comienza antes de que aparezcan los problemas. Significa que no debemos esperar pasivamente lo que la edad decida hacer con nosotros. Es cuidar la salud y la autoestima, mantener las relaciones, atender nuestra imagen, aprender, participar, conservar la curiosidad y, sobre todo, disponer de un proyecto vital propio, revisándolo periódicamente a medida que cambian nuestras circunstancias.
El envejecimiento exitoso no significa llegar a una edad avanzada sin enfermedades, pérdidas o dependencia. Esa interpretación sería injusta y profundamente edadista. El verdadero éxito consiste en adaptarse sin renunciar a ser uno mismo, conservar la capacidad de decisión siempre que sea posible, aceptar apoyos cuando sean necesarios y mantener el sentido de la vida, los vínculos y la dignidad incluso cuando aparece la fragilidad.
Pero necesitamos añadir una tercera dimensión: el envejecimiento sostenible.
Si el desarrollo sostenible pretende satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias, nuestra longevidad debería asumir un compromiso semejante. Defender nuestros derechos sin hipotecar los de quienes vienen detrás. Transmitir conocimiento, cuidar, participar, consumir responsablemente y contribuir a una sociedad donde ninguna generación construya su bienestar a costa de otra.
La sostenibilidad de la longevidad no puede entenderse únicamente desde la economía o los recursos asistenciales. También tiene una dimensión afectiva, ética y generacional. Significa comprender que quienes hoy envejecemos hemos recibido mucho de quienes nos precedieron y tenemos la oportunidad de dejar algo valioso a quienes nos sucederán. No solamente patrimonio o conocimientos, sino también comprensión, afecto, convivencia y un ejemplo de solidaridad.
Proactivo en lo personal. Exitoso en la capacidad de adaptación. Sostenible en nuestra relación con los demás y con las generaciones futuras.
Desde el Grupo Sénior de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) consideramos que debemos reivindicar nuestra capacidad para añadir vida, sentido, afecto y responsabilidad a esos años.
Y, sobre todo, poder mirar hacia atrás con gratitud y hacia delante con esperanza, sabiendo que hemos vivido sin renunciar a nosotros mismos y sin impedir que quienes vienen detrás puedan construir también su propio camino.
Sin duda, con esta actitud contribuimos a reforzar nuestro lema: «Generatividad frente a edadismo».














