GACETA SENIOR: LAS NUEVAS LONGEVIDADES, EL DESAFÍO DE VIVIR MÁS Y MEJOR
Juan Francisco Jerez Bernabeu. Grupo Senior de la SEGG. Trabajador Social. Máster en Gerontología Social Aplicada
Sí, longevidades, tantas como personas que superamos los 70 años y miramos la próxima década, e incluso la siguiente, con cierto optimismo. Igual que se insiste en la necesidad de preparase para la jubilación, parece pertinente entrenarse para ser longevo.
Porque el envejecimiento no es monocolor, tiene muchos matices, fijémonos en tres:
Primero: Ya no se envejece como en el siglo pasado, nuestro tiempo, calculado en 20 años después de la jubilación algo que significa casi una nueva vida, nos lleva a participar en una carrera loca por ocuparlo.
Que si el envejecimiento activo y saludable…, que si el envejecimiento generativo…, experimental… Hemos llenado las aulas universitarias, regladas o no; abarrotado los programas de turismo cultural hasta la saciedad; ocupado jubilosamente parques y paseos y adoptado la dieta mediterránea y el ejercicio físico como salvavidas de nuestra salud y garantía de longevidad, a esto llamamos: añadir vida a los años. Pese a todo, comprobamos que esa vida, a veces, no es del todo satisfactoria debido a fragilidad, dependencia o soledad no deseada, por lo que los cuidados siguen siendo claves.
Segundo: nadie envejece por ti, esta función es personal e intransferible. Envejecer no se acompaña de manual de instrucciones; debemos diseñar nuestro personal modelo.
Existen acertadas recomendaciones de profesionales de la gerontología: médicos, sociólogos, psicólogos, nutricionistas, trabajadores sociales, economistas, etc., a pesar de lo cual seguimos teniendo problemas para entender cómo dar sentido a nuestra vida. Hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad en el diseño de nuestro envejecimiento, para que no nos vivan nuestra vida, sino que la vivamos conscientemente, con el realismo de nuestras dificultades y limitaciones, pero con la determinación y empoderamiento para seguir creciendo personalmente, porque el camino puede ser largo.
Tercero: Relaciones intergeneracionales. Porque vivimos en una sociedad formada por muchas generaciones, otras edades con las que estamos en permanente interrelación, en el mundo laboral, científico, académico o cultural, sin olvidar que no todas las personas mayores tenemos nietos.
Las relaciones intergeneracionales, además de posibles, son necesarias desde las coordenadas del respeto y la cooperación entre generaciones, evitando caer en la provocación y el enfrentamiento. Nosotros no tenemos que competir con los jóvenes y ellos no deben considerarnos como los causantes de sus problemas económicos actuales o futuros. Los encuentros intergeneracionales vienen bien a todos, porque “El nuevo contrato social entre generaciones” es posible, según propone y desarrolla el sociólogoFidel Molina-Luque.
Concluyo recordando el pensamiento de autores como Zygman Bauman (La modernidad líquida), Byung-Chul Han (la Sociedad del Cansancio) y Victoria Camps,(la “Civilización de soledades conectadas”): Bauman sugiere que ser rectores de nuestro propio destino debería ser nuestro objetivo a pesar de los miedos que nos produce esta modernidad líquida; Han nos invita a una vuelta a nuestro interior, a la reflexión, al no caer en el activismo, que produce cansancio y enfermedades neurológicas y Camps invita a profundizar en la filosofía, para no confundir el ruido con la comunicación, la opinión con el pensamiento, para aprender a ejercer la libertad como autonomía moral responsable.
Es posible que lleguemos a longevos, pero es vital prepararnos para que nadie envejezca por nosotros, y como piensa Erri De Luca, estamos en “La edad experimental”. Vamos a por ello, sin edadismos, con dignidad y con sentido.














