GACETA SENIOR. ROMPIENDO ESTEREOTIPOS: ENVEJECIMIENTO ACTIVO Y PARTICIPACIÓN SOCIAL
Sabina Camacho Calderón Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología y Diplomada en Trabajo Social Miembro del grupo Senior de la SEGG
El concepto de envejecimiento ha ido evolucionado en las últimas décadas, pasando de modelos centrados en el déficit, al de la participación y contribución social de las personas mayores como nos recuerdan Foster y Walker. Desde este marco, envejecer no implica retirarse de la vida social, sino transitar hacia una nueva etapa con oportunidades para seguir participando activamente en la sociedad.
Porque no hay que olvidar que el envejecimiento es una más del ciclo vital. Las personas envejecemos de formas distintas, según hemos vivido, y se vive de manera diversa, en función de las trayectorias y los estilos de vida, condicionados por factores sociales, económicos y culturales. Razones más que suficientes para entender que las personas mayores constituimos un grupo heterogéneo, al igual que ocurre en cualquier otro grupo de edad.
Todo ello, sin obviar que, a lo largo del ciclo vital, las personas atravesamos cambios continuos y multidimensionales a nivel biológico, psicológico y social.
Nos jubilamos de nuestra etapa profesional, pero no de la vida activa. Envejecer no es sinónimo de pasividad ni de ser únicamente consumidor de recursos sociales y sanitarios. Además, el acceso a estos recursos constituye un derecho que se construye a lo largo de toda la vida mediante la contribución social y económica que, como ciudadanos, todos realizamos a través de las cotizaciones a la Seguridad Social y de los impuestos.
Desde el punto de vista físico, el paso del tiempo conlleva cambios corporales asociados, entre otras cosas, por el propio proceso de cumplir años. La participación en actividades significativas y el mantenimiento de un estilo de vida saludable, favorecen que mantengamos la autonomía el mayor tiempo posible, dentro de las capacidades de cada persona. A nivel psicológico, el envejecimiento implica un proceso de adaptación a las perdidas, sin renunciar al sentido vital; a lo largo de los años, hemos aprendido, siguiendo a Baltes, a priorizar aquello que consideramos importante y a redefinir objetivos. En el plano social, envejecemos activamente poniendo el acento en la participación y la inclusión.
Cuando finaliza la vida laboral, se pierden ciertos roles y puede aparecer el riesgo de invisibilidad social. Sin embargo, continuamos desempeñando un papel relevante en la familia y la comunidad, fortaleciendo los vínculos sociales, previniendo la soledad y favoreciendo la cohesión comunitaria. Iniciamos una etapa que puede vivirse y muchas personas viven de forma activa y participativa, manteniendo la implicación social y el compromiso con la comunidad.
Las actividades que desarrollamos no son excepcionales; más bien forman parte de nuestra vida cotidiana, participando en distintos ámbitos sociales, manteniendo relaciones significativas y realizando actividades con sentido, contribuimos a nuestro bienestar y favorece la continuidad de nuestro desarrollo personal.
La generatividad, entendida como la preocupación y el apoyo a otras generaciones, la manifestamos a través de acciones como el apoyo familiar, el voluntariado, la participación comunitaria y la transmisión de conocimientos y experiencias. Vivimos en una sociedad intergeneracional y así nos relacionamos.
Desde esta perspectiva, la generatividad se configura como un pilar fundamental del envejecimiento activo y una herramienta clave para combatir el edadismo, visibilizando las capacidades y contribuciones de las personas mayores y cuestionando los estereotipos asociados a. una mayor longevidad.














