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Deliberar no es opinar

Deliberar no es opinar

Para deliberar frente a un problema ético, necesitamos en primer lugar conocer muy bien los hechos, tener la información clara, incluyendo la narrativa de los implicados y no solo la visión del profesional.

En segundo lugar, el proceso nos lleva a analizar los valores de todas las partes, ya que de eso se trata, de preservar todos los valores que están confrontados y que son los que de facto generan que nos encontremos ante un conflicto. El objetivo de la deliberación es tratar de encontrar vías que nos permitan proteger estos valores, tarea a veces compleja, incluso inalcanzable.

Esta tercera parte precisa de apertura mental, escucha activa, presencia, porque para buscar los caminos que nos permitan llegar a proteger los valores en juego, es imprescindible argumentar, no se trata de dar opiniones, sino que nos encontramos ante un proceso mucho más reflexivo, racional y razonado.

Algunas veces, percibo que el proceso de argumentación y de búsqueda de vías diferentes, se acorta, se intenta sintetizar y reducir, se va por atajos, cuando posiblemente es el proceso en si el que nos enriquece, es la escucha y la argumentación lo que nos permite llegar a la decisión más prudente y responsable.

Las posibles respuestas ante un caso son algunas veces, si no la mayoría, inimaginables a priori si el proceso está realizado mediante la deliberación adecuada, y se han podido conocer los hechos relatados por los distintos protagonistas. Los resultados no serán equiparables,  si la deliberación solo consiste en  la defensa de opiniones apriorísticas que tratan de preservar los valores propios o solo los de una parte de los implicados.

Nuestros argumentos deben estar fundamentados y elaborados tras una escucha profunda y un análisis real de los valores que están presentes en el conflicto. Escuchando solo el problema narrado por una de las partes, perdemos matices esenciales.

Es fundamental realizar un autoanálisis en los grupos de reflexión ética y comités bioéticos, sobre el propio proceso de deliberación, permitiéndonos un examen sincero y honesto sobre nuestro procedimiento de deliberación, con el objetivo de acercarnos con ojos nuevos y especialmente tratando de incluir todas las narrativas y todas las visiones, y no solo una parte. No es fácil, ya integrar al paciente, a la persona mayor, a un familiar…, supone a veces una logística, implicación y tiempo que no están disponibles la mayoría de las veces.

Seguramente el resultado de esa deliberación será más satisfactorio para todos y la deliberación mucho más enriquecedora para los miembros del grupo.

 
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