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EN RECUERDO DEL PROFESOR MACÍAS NÚÑEZ

Profesor José Manuel Ribera Casado.

EN RECUERDO DEL PROFESOR MACÍAS NÚÑEZ

Con los calores del verano nos ha llegado la triste noticia del fallecimiento del Prof. Juan Florencio Macías Núñez (Nuco), una pérdida importante, ante todo, para la familia. También para la infinidad de amigos –profesionales o no- muy próximos en el afecto con los que contaba. Pero pérdida, igualmente, para la medicina, la universidad y, por lo que nos toca a nosotros, para la Geriatría.

Centraré mis comentarios en este último punto. Extremeño de origen, estudió la carrera en la Universidad de Salamanca, donde, tras su boda con Carmina, fijó su residencia definitiva. Se hizo Nefrólogo. Consiguió pronto la

plaza de profesor titular en esa Universidad –más tarde accedería a la cátedra- y, de forma muy temprana, mostró gran interés por los problemas de la población de más edad. Lo hizo, de inicio, en el terreno de la investigación estudiando las peculiaridades que ofrecía el riñón envejecido y, a partir de ahí, de manera continuada y progresiva, fue ampliando el campo a cualquier otro aspecto vinculado a la Geriatría.

Yo le conocí en Brighton en un congreso europeo de Geriatría celebrado en 1989. A partir de ese momento la sintonía siempre fue una constante al alza, tanto en el plano profesional como en el humano. Establecimos una relación de amistad cómplice que se ha mantenido hasta el final.

Esta nota no permite más que una pálida semblanza de algunas de las huellas que dejó su paso por la especialidad. Los inicios, como queda dicho, tuvieron que ver con el campo de la investigación, cómo valorar el funcionalismo renal en la persona de edad avanzada fue una de sus primeras inquietudes. No fue la única. En el campo de la docencia, su condición de profesor numerario le permitió luchar de forma activa para

introducir la enseñanza de la Geriatría en el pregrado de medicina. Lo consiguió y, hasta su jubilación, mantuvo un programa docente en la facultad salamantina. Un programa

bien diseñado, valorado por los alumnos y por los responsables de la institución y abierto a la presencia de profesares invitados de otras universidades. Yo puedo dar buena fe de ello. También se ocupó de la docencia postgraduada, como pueden corroborar las numerosas tesis doctorales dirigidas, así como su participación en el Master de la Facultad de Psicología de su Universidad.

A nivel asistencial, a pesar de su condición de Nefrólogo, consiguió que el Hospital Clínico de Salamanca asumiera de forma progresiva la constitución de estructuras geriátricas crecientes, hasta poder disponer de un servicio autónomo que se ha mantenido tras su jubilación.

Tuvo una participación muy activa en la vida societaria. Incorporado a la SEGG como socio desde el año 1973, participó de manera regular en sus congresos con ponencias y comunicaciones. También formó parte de algunos de sus grupos de trabajo y, durante unos años, lo hizo, igualmente, de su Junta Directiva. A finales de la primera década del siglo actual llegó a presidir la SEMEG, intentando, sin éxito, tender puentes que permitieran su reunificación con la SEGG.

Jugó un papel relevante en el entorno internacional, con presencia repetida y mantenida en congresos de la IAG (europeos y mundiales). En este terreno, quiero resaltar su relación especial con Latinoamérica, sobre todo con Argentina. Varios Geriatras importantes de aquel país se formaron a su lado en Salamanca y él mismo se convirtió en un reclamo permanente para cualquier actividad geriátrica que tuviera lugar en aquel país. Todavía en este marco creo que merece ser destacado el protagonismo que, junto

con su amigo gerontólogo José Luis Vega, desempeñó para la puesta en marcha y desarrollo de los que se llamaron “Encuentros de Yuste”, donde, durante varios años, bajo su dirección, se impartió docencia postgraduada a muchos jóvenes profesionales europeos y se elaboraron unos principios doctrinales dirigidos a la confección del currículo médico, aceptados y aplicados en diferentes países del continente.

En definitiva, se nos ha ido un hombre inteligente, afectuoso, sonriente, accesible, dialogante, participativo, abierto a cualquier iniciativa que considerase positiva, buen amigo de sus amigos y un trabajador de primer orden. Un profesional que ha contribuido desde dentro a que la Geriatría en nuestro país, contemplada desde cualquier perspectiva, haya llegado a ser lo que hoy es. Con nuestro cariño para Carmina su mujer y sus hijos y nietos, nos queda su recuerdo y su ejemplo. Un ejemplo que nos obliga a proseguir con las tareas a las que él dedicó su vida.

 
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