Revisiones breves de Oncogeriatría
Structured Exercise after Adjuvant Chemotherapy for Colon Cancer
Courneya KS, Vardy JL, O’Callaghan CJ, et al.
New England Journal of Medicine, 2025
El ejercicio físico ha sido propuesto desde hace años como una intervención potencialmente beneficiosa en pacientes con cáncer, tanto por su impacto sobre la calidad de vida como por su posible efecto sobre los resultados oncológicos. Sin embargo, hasta la fecha, la mayor parte de la evidencia procedía de estudios observacionales, con importantes limitaciones metodológicas para establecer una relación causal. El ensayo CHALLENGE se diseñó para aportar evidencia causal robusta sobre el impacto del ejercicio estructurado en la evolución del cáncer de colon tras la quimioterapia adyuvante.
Se trata de un ensayo clínico fase III, multicéntrico e internacional, que incluyó a 889 pacientes con cáncer de colon estadio III o estadio II de alto riesgo, completamente resecado, que habían finalizado quimioterapia adyuvante en los 2–6 meses previos. La población presentaba una mediana de edad de 61 años y un estado funcional ECOG 0–1 en todos los casos. El reclutamiento fue lento (entre 2009-2024), con baja tasa de eventos y posible sesgo de selección como limitaciones del estudio. No se realizó una clasificación geriátrica de los pacientes, ni en términos de fragilidad ni de robustez.
Los pacientes fueron aleatorizados a un programa de ejercicio estructurado durante tres años o a un grupo control que recibió únicamente material educativo sobre hábitos saludables. El programa de ejercicio se centró fundamentalmente en actividad aeróbica de intensidad moderada, con un objetivo de incremento de al menos 10 MET-horas semanales, y se acompañó de un programa intensivo de apoyo conductual, diseñado para favorecer la adherencia y el mantenimiento a largo plazo del cambio de comportamiento.
El objetivo primario fue la supervivencia libre de enfermedad. Tras casi 8 años de seguimiento, el grupo asignado al ejercicio presentó una reducción significativa del riesgo de recurrencia, nuevo cáncer primario o muerte (HR 0,72), con una diferencia absoluta en supervivencia libre de enfermedad a cinco años del 6,4%. Asimismo, los resultados fueron consistentes con una mejora de la supervivencia global (HR 0,63), con una diferencia absoluta del 7,1% a los ocho años. La magnitud del beneficio observado es clínicamente relevante y comparable a la de algunos tratamientos sistémicos adyuvantes utilizados en este escenario.
Además del impacto sobre los eventos oncológicos, el ejercicio se asoció a mejoras sostenidas en parámetros funcionales, tanto objetivos (capacidad cardiorrespiratoria y distancia recorrida en el test de los seis minutos) como subjetivos, evaluados mediante la subescala de función física del SF-36.
En términos de seguridad, el grupo de ejercicio presentó una mayor incidencia de eventos musculoesqueléticos, en su mayoría leves, sin identificarse señales de alarma relevantes, lo que apoya la seguridad del ejercicio cuando se prescribe de forma estructurada y supervisada.
Desde una perspectiva oncogeriátrica, el interés principal de este estudio no reside tanto en la caracterización de la población incluida —no solo se incluye población geriátrica, con buen estado funcional— como en el cambio de paradigma que propone. El ensayo demuestra que una intervención no farmacológica, correctamente estructurada y sostenida en el tiempo, puede modificar de forma significativa la historia natural de la enfermedad oncológica. Aunque estos datos no son directamente extrapolables a la población mayor, por la evidencia que disponemos de la mejoría del ejercicio en otras esferas de la salud de nuestros pacientes, y que los resultados del CHALLENGE refuerzan la idea de que el ejercicio no debe considerarse únicamente una medida de soporte, sino una intervención terapéutica con potencial impacto pronóstico, la adaptación a poblaciones más mayores y complejas debería ser una línea prioritaria de investigación futura.
En conclusión, el ensayo CHALLENGE representa uno de los pocos estudios aleatorizados de gran tamaño que aporta evidencia sólida de que el ejercicio estructurado, iniciado tras la quimioterapia adyuvante en cáncer de colon, no solo mejora de forma sostenida la función física y la calidad de vida, sino que se asocia a una mejora significativa de la supervivencia libre de enfermedad y de la supervivencia global. La magnitud del beneficio observado, comparable a la de algunos tratamientos adyuvantes farmacológicos, sugiere que el ejercicio podría actúa como cointervención para mejorar resultados oncológicos. Estos hallazgos apoyan que el ejercicio estructurado debería considerarse al mismo nivel que otras estrategias adyuvantes y plantean la necesidad de valorar su incorporación en futuras guías clínicas como planes de seguimiento o circuitos de rehabilitación oncológica.
Gema Paterna Mellinas
Facultativo Especialista en Geriatría
Hospital Perpetuo Socorro Albacete






