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Reportajes de Salud

Dieta hiposódica. Menos sal y más salud

Dieta hiposódica. Menos sal y más salud

Si bien la sal es uno de los elementos principales de la vida, debe consumirse con moderación, en especial en muchas patologías como la hipertensión arterial o la insuficiencia cardíaca, donde se recomienda el uso de dietas bajas en sal o hiposódicas.

Todos los alimentos en su estado original continen sal, no obstante la mayor parte de la sal que se consume proviene de la preparación posterior (y durante el procesamiento y la cocción), por lo que es allí donde se debe hacer hincapié en la restricción de sal.
El sodio, junto con el cloro, forman el cloruro sódico, es decir, sal, sin embargo, el sodio es el responsable (sobre todo cuando se consume en cantidades desproporcionadas) de algunos problemas de salud tal y como se ha evidenciado en innumerables estudios científicos.

Demasiada sal

Normalmente consumimos entre 10 y 15 gramos de cloruro sódico (es decir, sal común) lo que equivale a 3.900-5.900 mg de sodio (la conversión entre sodio y sal se hace así: 1g de sodio=2,5 g de sal). La recomendación es que consumamos menos de 2,4 g (2.400 mg) de sodio cada día. Esto equivale a seis gramos de sal (es decir, una cucharadita de té) al día, esto incluye toda la sal durante el día (la que está contenida en los alimentos y la que se ha añadido).
Las personas con hipertensión arterial deben tomar una cantidad aún menor de sodio (1,5 gramos) con beneficio de disminuir aún más su presión ayudando de esta forma a mantener una cifras tensionales más estables y a ayudar a los fármacos antihipertensivos a prevenir el descontrol de la presión.
De igual forma, para personas con insuficiencia cardíaca congestiva se debe limitar el consumo de sodio a menos de dos gramos diarios. Esto, al igual que la recomendación hecha para los pacientes hipertensos, tiene que ver con que el sodio hace que el cuerpo retenga más fluidos y que el corazón requiera más esfuerzo para bombear dicho volumen y de esta forma se empeoren los síntomas de disnea o edemas generalizados.

Limitar el consumo

Una disminución de cinco gramos en el consumo diario de sal se asocia con un 23 por ciento de disminución en la tasa de enfermedad cerebrovascular y 17 por ciento en la tasa de enfermedad cardiovascular. De esta forma, cada año dicha disminución en el consumo de sal puede reducir un y un cuarto de millón de muertes por enfermedad cerebrovascular y casi de tres millones por enfermedad cardiovascular.
La reducción de la sal en la dieta no sólo se relaciona a la disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular. Cada vez hallamos más evidencia de que el consumo elevado de sal puede aumentar el riesgo de hipertrofia ventricular izquierda y de enfermedad renal, también puede ser relacionado a obesidad (a través del consumo de bebidas no alcohólicas), osteoporosis, asma y probablemente una de las principales causas del cáncer de estómago.

Claves para seguirla

Para llevar a cabo una dieta con poca sal tenemos que tener en cuenta las siguientes recomendaciones que tendremos que llevar a cabo en nuestra vida diaria:

  • Comprar alimentos frescos (o aquellos productos enlatados “sin sal”) en lugar de productos enlatados.
  • Evitar las comidas precocinadas y congeladas, así como la sopa de sobre, purés instantáneos, cubitos, patatas chips (y demás snacks salados) y conservas que por lo general contienen mucho sodio.
  • Intentar lavar los alimentos enlatados para retirar el exceso de sal.
  • Evitar la sal de cocina y mesa, sal yodada, sal marina y sal de apio. En principio, se debe evitar preparar la comida sin agregar sal y debe prescindirse del uso de salero en la mesa.
  • Evitar el consumo de: carnes saladas, ahumadas o curadas, embutidos, quesos en general (se permiten los tipo Burgos, Villalón o tipo petit suisse). También se deben evitar las aceitunas y la pastelería industrial.
  • Puede comerse con precaución: mantequilla y margarina sin sal.
  • Leer las etiquetas donde se indica el contenido de cloruro sódico (sal) de la dieta.
  • Cuando comamos fuera de casa debemos pedir que cocinen nuestra comida sin sal.
En general, se pueden echar mano de trucos para potenciar el sabor natural de los alimentos como la cocción al vapor, el uso de sabores ácidos como el vinagre, el limón, las especias y las hierbas aromáticas o el uso de aceite de oliva.
Tal y como se comentó anteriormente, deben escogerse medicamentos que tengan la etiqueta: “libre de sodio” (menos de cinco miligramos por porción), “bajo en sodio” (140 mg o menos por porción) o simplemente “sin sal”.
Otro punto de cuidado es consumir con cuidado comprimidos efervescentes que contengan sal, ya que algunos efervescentes pueden contener 375 miligramos de sodio por sobre.

Dr. Francisco Soria Perdomo - Médico geriatra. Hospital Infanta Elena  de Valdemoro. Madrid.
Dr. Francisco Soria Perdomo
Médico geriatra. Hospital Infanta Elena de Valdemoro. Madrid.
 
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