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Reportajes de Salud

Soluciones para la presbicia

Soluciones para la presbicia

La vista nos mantiene conectados con el mundo y por eso es importante estar atentos a como varía a lo largo de nuestra vida. Hay cambios que son normales como la presbicia o “vista cansada” que se solucionan con unas simples gafas; pero otras dificultades sensoriales son consecuencia de una enfermedad y deben ser estudiadas y tratadas por el médico.

Al hacer mención al cansancio de la vista se hace referencia al declinar de la misma y se alude al envejecimiento aunque, en unos momentos en los que la esperanza de vida al nacer se sitúa por encima de los 80 años, hablar de envejecimiento a los 45 es, cuando menos, chocante.
Pero no hemos de asustarnos, en cierto sentido vivir es envejecer y envejecer con éxito es adaptarse a los cambios. Y eso es la vista cansada, es decir la presbicia, palabra que evita las connotaciones peyorativas. Consiste en un defecto de la visión consistente en que los rayos luminosos procedentes de objetos, situados a cierta distancia del ojo, forman foco en un punto posterior a la retina.

Cristalino menos elástico

Esta parte del ojo es la que encarga de conducir los rayos que penetran en él hasta la retina de modo que el foco cae justamente sobre ella. De este modo provoca el estimulo visual necesario para que nuestro cerebro lo interprete y “vea” con nitidez aquello que miramos.
Cuando nuestro punto de interés está lejos, el cristalino necesita estar delgado para cambiar la trayectoria de los rayos que le llegan desde la cornea. Por el contrario, cuando queremos mirar algo de cerca, necesitamos que el cristalino se engrose para que sus superficies dirijan los rayos al foco correcto.
Para estas adaptaciones, es necesario que el cristalino sea transparente y elástico, y que el músculo que lo modifica tenga suficiente fuerza. Con el paso del tiempo, las proteínas del cristalino van perdiendo esa elasticidad, lo que unido a una disminución de la fuerza del músculo ciliar, hacen que la acomodación (término con el que se designa esa capacidad del cristalino para adaptarse a la visión a diferentes distancias) se vaya perdiendo.

Síndrome de los “brazos largos”

Como consecuencia de lo anterior surge dificultad para ver los objetos de cerca, como por ejemplo al leer o coser, algo que exige trabajar continuamente en el punto próximo, ejercitando toda la acomodación disponible. Como este esfuerzo no logra mantenerse de forma continuada, aparece la fatiga ocular e incluso el dolor de cabeza. Al principio esta dificultad se compensa alejando los objetos, por eso a la presbicia también se la denomina el “síndrome de los brazos largos”, pero este gesto llega a ser incómodo e incapacitante, sobre todo cuando la distancia necesaria es superior a la longitud del brazo.
Por eso, a partir de los 40 y 45 años aproximadamente, es posible deducir la edad de una persona por el número de dioptrías que necesita para ver bien de cerca, aunque esto sólo sirve hasta los 65 más o menos porque a esa edad, cuando se agota la capacidad de acomodación, el proceso se estabiliza.
Una excepción a esta regla son los miopes que compensan su presbicia en todo o en parte por su miopía y pueden realizar tareas de cerca sin corrección. Evidentemente, esta excepcionalidad no existe para quienes han corregido su miopía quirúrgicamente, y que habrán dejado de utilizar gafas para visión lejana, pero llegado el momento las precisará para cerca.
En cualquier caso, quienes no tienen un defecto de refracción previo sólo precisan de gafas para cerca, mientra que quienes sí lo tienen necesitarán ajustes en la habitual, añadiendo las dioptrías de la presbicia a las preexistentes de la hipermetropía o restándolas a las de miopía.

Gafas para corregir

Son la solución más fácil y habitual sólo para ver de cerca, ya que a través de ellas no se consigue una buena visión de lejos. También existen las gafas bifocales, actualmente de poco uso, o multifocales. Estas últimas permiten una buena visión de lejos (puede ponerse incluso una graduación neutra si no es necesaria la corrección) y de cerca, evitando tener que estar continuamente cambiando de gafas o simplemente quitándoselas y, lo que es más importante, permiten una visión adecuada para distancias intermedias. Esto es fundamental en determinadas situaciones, como puede ser el uso del ordenador a la vez que se lee un texto o se entrevista a una persona.
Como vemos, el problema tiene solución y no parece muy compleja.

Otras soluciones

Una alternativas a las gafas es el uso en ambos ojos de lentillas especiales, semejantes a las lentes bifocales, con las que se puede ver de lejos y de cerca gracias a un tallado especial de la misma o a otras complejas técnicas. En general, tienen el inconveniente de que no es fácil que se mantengan en la posición correcta de modo que la visión a veces no lo es.
Otra solución consiste en el uso de una lentilla para visión cercana en uno de los ojos, quedando el otro para la lejana, siendo este último el dominante. Si se consigue una buena adaptación, conseguiremos ver tanto de lejos como de cerca sin necesidad de utilizar gafas, aunque también pueden hacerse patentes los inconvenientes, alteraciones de la visión binocular, reducciones en la capacidad de ver en relieve en visión próxima, e incluso vértigo. En general, hemos de pensar que este método tiene mayores posibilidades de éxito en personas que ya utilizaban lentillas con anterioridad, con muy buena visión binocular, relativamente jóvenes muy motivados y que desean usar las lentillas por motivos estéticos.

La ópción del láser

Otros métodos más agresivos son los basados en el tallado de la cornea con láser o en la extracción del cristalino, que podemos considerar como cirugías de complacencia porque corresponden más a un deseo de la persona que a una indicación medica.
En ambos casos, hay dos forma básicas, o bien se procura la visión de los dos ojos, tanto de cerca como de lejos, mediante el uso de tallados progresivos o de lentes intraoculares multifocales; o se opta por especializar a cada uno de los ellos en un tipo de visión, actuando sobre uno para corregir la presbicia.
Para personas de más edad que no desean utilizar gafas se suele recomendar la técnica quirúrgica con extracción de cristalino e implante de lente intraocular.
Por supuesto, siempre será el oftalmólogo el que nos aconseje la técnica más adecuada si es que decidimos que las gafas no cubren nuestras expectativas.
En este caso, el tándem oftalmólogo-óptico es fundamental, sobre todo porque la aparición de la presbicia es una buena excusa para hacerse un examen y no optar por probar con lentes fijas sin revisión previa.

Dra. Pilar Serrano Garijo - Geriatra. Ayuntamiento de Madrid.
Dra. Pilar Serrano Garijo
Geriatra. Ayuntamiento de Madrid.
 
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