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Las personas que sufren alucinaciones ven u oyen cosas que para los demás no existen, pero que para ellos forman parte de una realidad. Pueden sentir, oler o tocar cosas que realmente no existen, que están presentes únicamente en su imaginación. También pueden mantener ideas erróneas acerca de la realidad, que en ocasiones toman la forma de sospechas o suspicacias sobre el robo de algunas pertenencias ("mi hija me roba el dinero"), de persecución ("me quieren hacer daño") o ideas de culpa ("soy una mala persona").

La ocurrencia de este tipo de situaciones provoca en los cuidadores un gran malestar, ya que se desconciertan (al ver que algo que no existe es dado por seguro por la persona cuidada), no saben como actuar y, por lo tanto, sufren un gran impacto emocional (tristeza, ganas de llorar, ira, etc.).

Este tipo de problema no es muy frecuente entre las personas mayores. Las razones por las que una persona puede presentar este tipo de comportamiento puede ser:

  • Fase avanzada de una demencia (aumento de la dificultad para orientarse en la realidad). Esta es la circunstancia más frecuente.
  • Efectos secundarios de algunos medicamentos.
  • Depresión severa.
  • Lesión cerebral.
  • Cambio de residencia.
  • Algunas enfermedades.
  • Problemas visuales o auditivos, de alimentación o falta de descanso.
  • Factores ambientales:
    • Inadecuada iluminación (puede producir sombras).
    • Ruidos o estímulos que no permitan escuchar bien (ej: hablar bajo o susurrar).
    • Traslados de domicilio.
Sugerencias generales ante la aparición de alucinaciones o suspicacias.

 

  • Evaluación médica ante la posible presencia de:
    • enfermedades
    • efectos secundarios de medicamentos
    • problemas sensoriales
    • problemas nutricionales
  • Tener en cuenta aspectos tales como:
    • ¿está descansando bien la persona?
    • ¿está nerviosa?
    • ¿tiene algún tipo de necesidad? (alimentación)
  • Evitar cualquier fuente de ambigüedad o de confusión:
    • Evitar fuentes de ruido o de estrés.
    • Procurar no hablar bajo (susurrar) en presencia de la persona.
    • Mirar a la persona de frente al hablarle.
    • Presentar siempre a la persona que realiza una visita.
    • Procurar saber dónde suele olvidar las cosas.

Causas de las alucinaciones y las suspicacias

A veces, los cuidadores u otras personas cercanas a la que recibe los cuidados valoran de una manera particular las primeras manifestaciones de este tipo (suspicacias o alucinaciones) atribuyendo algunas causas a la forma de comportarse de sus familiares que no responde a las causas reales.

Si al hecho de cuidar a una persona que tiene conductas suspicaces o alucinaciones, que ya es suficientemente impactante, se le añade que además se valoran socialmente de manera poco apropiada estos comportamientos, el resultado es un gran malestar en el cuidador.

En la tabla siguiente se observan cuáles son las valoraciones que frecuentemente realizan los cuidadores y cuáles son, en realidad, las causas de tales comportamientos.

Causas que atribuyen los cuidadores Causas reales

En el caso de las alucinaciones:
" La persona está mentalmente enferma (loca), el alzheimer está avanzando. "

En el caso de las suspicacias:
" La persona se está volviendo paranoica, está perdiendo la cabeza, está tratando de provocar enfado o hacer daño, etc. "

En el caso de las alucinaciones:
" La capacidad de las personas para interpretar la información adecuadamente se ve afectada por el deterioro progresivo del cerebro. Las alucinaciones son generalmente malinterpretaciones de sonidos, sombras o acontecimientos que han ocurrido en realidad. "

En el caso de las suspicacias:
" Las personas con daño cerebral reaccionan en ocasiones de esta manera ante la inseguridad que genera el tener problemas de memoria. Generalmente, las acusaciones van dirigidas hacia el cuidador principal, que es la persona más próxima. "

 

¿Qué hacer cuando se presentan alucinaciones o suspicacias?
Mantener la calma

Si se permanece tranquilo, se puede transmitir a la persona, que en ese momento se encuentra asustada y angustiada, una sensación de sosiego que será de gran utilidad para tranquilizarla.

Identificarse

Permaneciendo en el campo visual de la persona, decir nuestro nombre permitirá que la persona lo reconozca, facilitando que se sienta confiada y protegida por alguien que no le es extraño.

Hablar de forma suave

Dirigirse a la persona con un tono de voz suave. Si a la persona no le desagrada el contacto físico, se la puede tranquilizar también a través de un abrazo, cogiéndole la mano, etc.

Prestar atención y proteger

Escuchar a la persona para que se sienta atendida y protegida. Decir que se va a hacer cargo de los problemas o que se va a comprobar que todo marcha bien.

Comprobar

Asegurarse de que las preocupaciones no están justificadas antes de proceder a tranquilizar y distraer a la persona.

Prestar atención y proteger

Escuchar a la persona para que se sienta atendida y protegida. Decir que se va a hacer cargo de los problemas o que se va a comprobar que todo marcha bien.

Asegurar que no sucede nada

Demostrar que no está ocurriendo lo que piensa. Para ello, además de con palabras, conviene, en función de cada caso, llevar a cabo acciones que demuestren que no ocurre nada (ej.: registrar la habitación y decir que no hay nadie, que volverá en unos minutos para comprobar que todo sigue en orden, etc.).

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Distraer

Tratar de que la atención de la persona no se centre en el tema de la suspicacia o de la alucinación. Realizar otra actividad que permita que la persona deje de preocuparse por lo que acaba de pasar. Por ejemplo: "vamos a la cocina a tomar un vaso de leche caliente".

Utilizar medios auxiliares

Utilizar medios que puedan ayudar a prevenir las alucinaciones. Por ejemplo, utilizar una pequeña luz por la noche, poner un timbre o una campanilla para que la persona pueda avisar si ocurre algo, etc.

Explicar la situación

Si las alucinaciones ocurren en público, no avergonzarse. Guardar la calma y explicar la situación a las personas presentes. Recordar que no hay nadie culpable de la situación, sino que tan sólo es una manifestación más de la enfermedad. No hay nada por lo que avergonzarse.

Dejarlas pasar

No todas las alucinaciones o delirios son negativas. Si las alucinaciones no entrañan un peligro o malestar para la persona u otras personas, puede ser una alternativa dejar que ocurran (por ejemplo: si la persona está hablando sin alterarse con alguien que no existe realmente).

 

¿Qué no hacer cuando se presentan alucinaciones o suspicacias?
Discutir o argumentar

No discutir con la persona que sufre alucinaciones ni negar la existencia del objeto de la alucinación. A través de la discusión o la negación se puede conseguir poner más nerviosa o frustrada a la persona.

Responder

No es necesario decir que se está de acuerdo ni discrepar. Proporcionar una respuesta que no comprometa (ej.: "yo no oigo las voces que tú oyes, pero me imagino que te hacen sentir miedo".).

Ser especialmente cariñoso

Aunque es importante prestar atención y atender las necesidades de la persona que cuidamos, no conviene ser demasiado cariñoso en estas ocasiones. Reservar las manifestaciones de afecto para estados de ánimo más positivos, por ejemplo, cuando la persona ya se encuentre más calmada.

Esta página contiene información útil sobre estos problemas, no reemplaza la ayuda de los profesionales de la salud (consulte con ellos).

 

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Caso Clínico del mes

Paciente de 76 años valorada en una Unidad de Memoria por pérdida de memoria de varios meses de evolución

Se trata de una mujer de 76 años que es valorada en una Unidad de Memoria de un Servicio de Geriatría por haber presentado en los últimos meses varios episodios (el primero en marzo de 2008) de amnesia acompañados de desorientación temporoespacial y ocasionalmente de afectación funcional. La paciente había acudido a Urgencias por dichos episodios, siendo diagnosticada de amnesia global transitoria tras uno de ellos.



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